La magia de apilar

Por aquel entonces, la leche era chocolatada y el sol, brillaba en papel glasé. Señorita había una sola y nuestra edad cabía en un puño. Ciertamente, el desafío de aprender jugando apenas comenzaba.

Si bien las acuarelas guardaban su encanto, algunos preferían encastrar bloques. Tras cada chasquido, el tic-tac de la madera revelaba formas, figuras y proporciones.

Como experiencia lúdica, sandbox apela al recuerdo. El área de 8 x 9 es pequeña y constituye un universo en sí misma. El algoritmo no impone reglas, sin embargo es capaz de simular las leyes de gravedad.

La mecánica es sencilla. Desde arriba, “arrojamos” objetos de colores. Vienen en tres sabores: círculos, cuadrados o rectángulos. Podemos rotarlos, arrastrarlos y volver a empezar. Las combinaciones son infinitas, sólo hará falta dar rienda suelta a la imaginación.

Carlos Balmaceda

Editor de contenidos | Analista de Sistemas (Univ. Arg. J.F.K.)

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