¿Sumar o restar? Esa es la cuestión

Medio siglo

Compacta y a la vez robusta. Los botones coloridos y la correa de sujeción describen una impronta analógica. Aunque su cerebro esgrime impulsos digitales. Fabricada en 1973, la CM-602 lucía como una radio portátil. El singular dispositivo nipón constituye una de las primeras calculadoras “de bolsillo”. Podía resolver expresiones básicas y utilizaba cuatro pilas tamaño doble A.

Cincuenta años después, el avance científico supera los límites mismos de la ciencia ficción. Los desarrollos en inteligencia artificial despliegan sus algoritmos sobre el sustrato de la incipiente integración tecnológica. Los autómatas del futuro ensayan capacidades predictivas: son capaces de interpretar y aprender.

 

A mano alzada

La hoja cuadriculada está en blanco. Luego de algunos garabatos nos disponemos a trabajar. Bosquejamos la suma con los símbolos correspondientes. Cinco más siete, igual. Aguardamos unos segundos. Paciencia… La máquina intenta «comprender» nuestra escritura… Sorpresa. Acaba de aparecer el resultado. Doce. Todo sucedió en tiempo real. Bastó con abrir y cerrar los ojos.

La extensión fue programada en Python y utiliza las bibliotecas de Tensorflow, una plataforma de código abierto. Más allá de los operadores aritméticos convencionales, la versión -en fase beta- admite potencias, raíces, paréntesis y fracciones. Asimismo, su instalación requiere configurar detalles técnicos adicionales. Sin embargo, el esfuerzo rendirá sus frutos. ¡Los invitamos a descubrirlos!

Carlos Balmaceda

Editor de contenidos | Analista de Sistemas (Univ. Arg. J.F.K.)

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