¡Otra vez sopa!

Tras la grilla cuadriculada, el enjambre de vocales y consonantes hilvana un laberinto. Su apariencia enigmática logra camuflar las palabras al tiempo que atrapa nuestra atención. Y aunque algunos la consideran bebible, nadie ha intentado tomarla.

La extensión que hoy nos convoca, permite ejercitar vocabulario. El juego admite tres niveles de dificultad, subordinados a siete grupos semánticos (animales, automóviles, países, alimentos, hogar, informática y deportes).

Ciertamente, el clásico pasatiempo reclama concentración. Su interface austera ha decidido prescindir de adornos y detalles para reafirmar una propuesta siempre vigente: aprender jugando.

Carlos Balmaceda

Editor de contenidos | Analista de Sistemas (Univ. Arg. J.F.K.)

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