Las voces del mañana

El vuelo del zorzal, la gracia de los delfines e incluso los ágiles saltos de las gacelas. Desde siempre, el hombre ha intentado imitar a su entorno. El desarrollo industrial le ha permitido llegar más alto, más lejos y más rápido. Tal es su afán de progreso, que la ciencia se aventura hacia un horizonte incierto. Sin embargo, el relato distópico no ha logrado opacar una idea inquietante. La inteligencia artificial está copiando estructuras y, en cierta manera, capacidades inherentes al cerebro humano.

Hoy en día, las computadoras están conectadas entre sí y gestionan volúmenes cuantiosos de información. La tela de araña es eficiente. El mecanismo consiste en descomponer tareas complejas en objetivos más sencillos. Atomizando los problemas recursivamente, una red neuronal consigue encastrar las piezas del rompecabezas para brindar respuestas asombrosas.

La extensión parece un juego. De hecho, lo es.  Irónicamente, constituye el ejemplo ideal para ilustrar una revolución en ciernes. Con ustedes, un coro muy singular. ¿Desean escucharlo?

 

Carlos Balmaceda

Editor de contenidos | Analista de Sistemas (Univ. Arg. J.F.K.)

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