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Una propuesta que amalgama plástica con nociones de geometría.
Las matemáticas como arte
Ejemplo de una sociedad organizada, las abejas destilan algo más que dulzura. Bastará con observar el paisaje hexagonal de una colmena. Los bordes adyacentes encajan de tal manera que atrapan las miradas, creando la ilusión de una trama infinita. Escenas análogas cobran vida en las escamas de los peces, el caparazón de las tortugas, la cáscara de las piñas e incluso las intrincadas redes que tejen las arañas. Los patrones adoptan una simetría exacta para encajar cual piezas de un rompecabezas.
La perfección de las teselas revela en su esplendor un pacto milenario. Porque los polígonos que se acoplan sin dejar espacios entre sí, no sólo están presentes en la naturaleza. Forman parte de nuestra historia. Desde hace siglos, arte y matemática estrecharon lazos para adornar templos, plazas y objetos cotidianos. El mundo islámico, las antiguas civilizaciones egipcias, los persas e incluso los romanos, han sabido aprovechar la ciencia detrás de las formas. Y cuando el ingenio avivó al fuego del talento, alquimistas de la talla de Escher o Moser marcaron la diferencia. Tras atesorar la medida de lo infinito, sus diseños cristalizaron un cosmos signado por la vara de esquivas abstracciones numéricas.
El siguiente simulador ilustra la mecánica que implica “embaldosar” un plano 2D. La interface nos permite alterar el color, la posición y el aspecto de la figura que deseamos replicar. Antes de comenzar, hará falta seleccionar un polígono regular (lados/ángulos iguales). Partimos de un hexágono, un triángulo o un cuadrado. Los cálculos en tiempo real llevan apenas un clic… El “tapiz” resultante emergerá sobre un marco pequeño, casi al centro de la pantalla.
En la práctica, el proceso de teselar debería ser un desafío más divertido. Y de hecho, lo es. La magia para recrear ese caos ordenado de encastres se vale de elementos básicos. Lápiz, papel, cinta, tijeras. Aunque las actividades que aquí les ofrecemos integran un proyecto más amplio. Quienes lo impulsan, abrazan la enseñanza desde el juego e insisten en colocar el foco en la participación. Son almas entusiastas, docentes comprometidos con las matemáticas.
















