Entre leyendas y corsarios, repasamos las reglas ortográficas

Allá lejos y hace tiempo.

Repletos de joyas, monedas o diamantes, los cofres enterrados siempre han despertado la imaginación. Aquellos relatos de aventuras atrapaban la atención de niños y adultos.

Con apenas 29 años, nuestro joven Stevenson comenzaba a dar forma a “La isla del tesoro ”.        El libro salió a la venta en 1883.

Más de un siglo después, la mezcla explosiva de piratas, barriles de ron y mares embravecidos, lo coronaban como un best seller.

No todo lo que brilla es oro.

Esta vez, no hallaremos plata ni piedras preciosas. Definitivamente, este arcón no guarda riquezas.

Muy por el contrario, “El cofre de las palabras ” esconde un secreto mucho más valioso: contenidos didácticos.

La herramienta, orientada hacia el segundo ciclo, los sorprenderá.

Sus personajes cobran vida bajo la forma de signos de puntuación.              Y ciertamente, son adorables.

La voz cálida del signo de interrogación nos da la bienvenida. Aparecerá luego un señor de bigotes gruesos y sonrisa bondadosa. Es el signo de exclamación.

En tercer lugar, interviene un hombrecito gruñón. Su aspecto verdoso y desalineado, contrasta con la claridad de sus conceptos. Es la ayuda en pantalla.

Nuestros amigos nos proponen recorrer seis actividades maravillosas:

Cantando palabras. “Blanca Rascapicores”, la afamada soprano, nos permite comprender las diferencias entre graves, agudas y esdrújulas. Sólo deberemos disfrutar del eximio chelista, mientras ella entona la melodía.

Echa la hache hecha. ¿Hacer o echar? Seleccionamos el verbo correcto y completamos la frase.

Lo mismo y lo contrario. Prestamos atención e interpretamos el texto; escogemos un sinónimo o bien un antónimo.

El escribano eléctrico. La fantástica máquina de imprimir está fallando. Es evidente, le cuesta distinguir entre los términos “ahí”, “hay” y “¡ay!”.

De la A a la Z. Organizamos el fichero en orden alfabético.

¿Una, o dos palabras? La oración tendrá sentido si le agregamos el faltante. Las opciones posibles se resumen en “a ver” o “haber”.

Hasta aquí, una breve reseña. Ya es hora que el recurso hable por sí mismo.

Hundido en el océano de JCyL, “El cofre de las palabras ” tiene mucho para ofrecer. ¡Los invito a descubrirlo!

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