Conejos y zanahorias: el encanto de programar

Platos relucientes

Suena el teléfono. Esta vez, la encuesta nos ofrece un producto milagroso. Práctico, bueno y rendidor, apenas dos gotitas bastarán para desengrasar toda la vajilla. Las preguntas de rigor anticipan una oferta imperdible: llevando tres litros, dos esponjas de regalo.

Tras el extenso cuestionario, la llamada finaliza. Los garabatos sobre la servilleta confirman quince minutos de hastío. El patrón de espirales, guiones y ganchitos parece no tener sentido.

Del inglés, el sustantivo doodle se traduce como garabato. En otras palabras, son los dibujos que solemos hacer mientras pensamos en otra cosa o cuando estamos aburridos.

La definición resulta sencilla, sin embargo los fundadores de Google no están satisfechos. En 1998 vislumbraron las ventajas de reflejar en su emblema algo más que una marca. Así, ilustradores e ingenieros aunaron talentos con el objetivo de conmemorar sucesos históricos y acontecimientos mundiales.

Finalmente el esfuerzo rindió sus frutos. Bajo el formato de atractivos doodles el logotipo de Google adquiere protagonismo global. Los antiguos “garabatos” florecen ahora bajo la forma de exquisitas piezas de arte. Desde entonces, la peculiar galería atesora en 4000 ejemplares innovación, creatividad e ingenio.

La verdadera revolución

1967 marcó un punto de inflexión. Hitos científicos y rupturas sociales se daban cita para conmover a la humanidad. Sudáfrica presenciaba el primer trasplante de corazón. Las luchas por los derechos civiles sacudían la ciudad de Detroit. En Londres, los novedosos cajeros automáticos y la promesa del dinero instantáneo contrastaban con el resplandor psicodélico y la figura lánguida de Twiggy.

Aunque en los laboratorios del MIT el clima era distinto. Ajenos a la vorágine coyuntural, los investigadores lograban alcanzar un sueño.

El pequeño robot se parecía a una tortuga, una muy obediente, por cierto. Podía avanzar, retroceder y girar. Su lealtad insoslayable respondía a la capacidad de interpretar un lenguaje gráfico.

La fantástica invención abría las puertas hacia una revolución en ciernes: la alfabetización digital.

Cincuenta años después

La celebración tuvo lugar el 4 de Diciembre del 2017, a medio siglo de la primera compilación de LOGO. Claro está, el equipo de Google no podía faltar al evento. Su sentido homenaje tuvo tal repercusión que trascendió las fronteras tradicionales del Doodle.

Ese día, un conejo saltarín despertó la atención de los más pequeños. Las sonrisas y los gestos de asombro no se hicieron esperar. Niños en todo el planeta asistieron al aniversario. Y lo festejaron de la mejor manera: codificando.

Fuimos invitados a un banquete delicioso, pero antes debemos recolectar las zanahorias. El juego nos remite al paisaje encantado de los cuentos de hadas. Volumen, forma y color se conjugan para recrear un bosque cuya impronta transita reminiscencias cubistas. La simulación comprende seis niveles de dificultad.

Recordando a la simpática tortuguita, podremos avanzar y girar hacia un lado o el otro. Apenas tres instrucciones serán suficientes para llegar a la meta. Si incorporamos una estructura de iteración aprenderemos a escribir programas concisos y eficientes.

La aventura interactiva surge del trabajo multidisciplinario de profesionales en Google y docentes del MIT. Su interface conserva relación directa con el sistema de bloques desarrollado en Scratch.

Frente a la era de la información, la adquisición de conocimientos anuncia posibilidades casi infinitas. El avance tecnológico continúa cerrando la brecha, acercando oportunidades a sectores previamente excluidos. Los nuevos paradigmas y la idea de orientar sin imponer, generan espacios abiertos a la reflexión. El desafío está planteado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *