Con ojos de niño

El encanto de aprender jugando nos recuerda tardes lluviosas. Los desafíos alternaban entre galletitas de maicena y chocolate caliente. Podíamos encastrar figuras, colorear paisajes o moldear plastilina. Aunque las prácticas recreativas iban más allá del sentido lúdico. Detrás de las sonrisas, los pasatiempos estimulaban la creatividad, el pensamiento lógico y la motricidad fina.

En la edad de los por qué, las experiencias forjaban nuestra infancia. Los sonidos, los aromas e incluso los paseos estaban impregnados de preguntas. Y las caminatas eran una aventura que solía detenerse siempre en el mismo lugar… Esa vidriera repleta de juguetes alegraba el corazón.

Es un hecho. Buscar plataformas confiables depara una empresa incierta. La contaminación visual es tal, que satura cada rincón de la pantalla. Aunque la red de redes oculta en sus profundidades tesoros muy valiosos. No es oro. Menos aún, piedras preciosas. Los cofres encierran recursos didácticos. Si los combinamos con bloqueadores de ventanas, las herramientas cobrarán vida. Sólo resta colocarlas en las manos correctas.

Carlos Balmaceda

Editor de contenidos | Analista de Sistemas (Univ. Arg. J.F.K.)

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