Matemáticas, avatares y estrellitas: quince minutos de magia.

Saber acompañar.

Recuerdo a Sofía, mi maestra de primer grado. Ella me conocía y comprendía que mis destrezas en matemáticas eran escasas.

Clase tras clase, la situación se repetía. Evidentemente, era algo inevitable: los números sobre el pizarrón me intimidaban.

A diferencia de mis compañeros, prefería resolver sopas de letras en lugar de operaciones matemáticas.

Aún así, Sofía siempre me tuvo fe, alentándome en cada logro. Los “¡Muy bien felicitado! ” adornaban mi cuadernito y me impulsaban a continuar.

Durante aquellos años nadie se animaba a hablar de la neurociencia. Corría la década del ochenta, y la psicología apenas se llevaba con la didáctica.

En cambio, reinaba la libreta de comunicaciones. Sus notitas a mano alzada adoptaban un estilo escueto, meramente informativo. El sistema inflexible de la tiza y el pizarrón ocultaba tras sus palotes un esquema que se había quedado obsoleto.

Sin embargo, Sofía estaba un paso adelante. Su mirada atenta, la voz serena y una paciencia infinita, terminaron de brindarme la confianza necesaria.

A pesar de las dificultades, finalmente logré aprender a sumar y a restar.

Médicos, abogados o ingenieros, alguna vez encontramos en nuestra “seño ” un marco de referencia.

Las habilidades cognitivas nos sitúan como partícipes imprescindibles de una sociedad.

Frente a un problema en concreto, todos podemos hallar un camino que nos lleve a la solución.

En términos educativos, la tendencia indica que ya no importan los caminos, sino su diversidad. Nos centramos en la persona y en las riquezas que ofrecen sus potencialidades.

 

¿Premios o sanciones?

Si de aprender jugando se trata, el concepto de ludificación viene marcando un horizonte.

Pero este enfoque no es novedoso, de hecho surgió hace más de un siglo. Sus orígenes se remontan al conductismo, corriente de la psicología que estudia el comportamiento humano.

Básicamente, el sistema de premios y sanciones admite la idea de condicionar una respuesta basándonos en un estímulo. Así, acción y reacción se conjugan para dar sustento a una metodología.

El estímulo adquiere una variedad de formas. Dentro de la escuela, suele ser el boletín de calificaciones. Dentro del club, podemos representarlo como el trofeo de tenis o la medalla de honor. Tenemos estímulos incluso en la vida cotidiana, cuando acumulamos las tapitas de nuestra gaseosa favorita o cuando participamos en alguna promoción.

Desde un sentido estrictamente pedagógico, podemos interpretar a los estímulos como a una recompensa.

La idea subyacente destaca el valor del trabajo bien realizado. De esta manera, el juego se transforma en un puente vinculante. De un lado del puente está el sujeto, con sus carencias, sus anhelos y sus talentos. Del otro lado, están las virtudes, como los valores unívocos a asimilar.

La premisa siempre ha predicado que el esfuerzo rinde sus frutos.

Visto como un acontecimiento, el aprendizaje no sucede cuando respondemos correctamente a un cuestionario. Menos aún ocurre cuando resolvemos una ecuación matemática.

Muy por el contrario, el aprendizaje sobreviene cuando logramos atravesar ese puente.

En el instante preciso en el que la perserverancia, la responsabilidad y la disciplina adquieran protagonismo, habremos aprendido la lección.

 

Agregando valor.

El recambio tecnológico sumado al exceso de información, está modelando un escenario complejo.

Bajo estas condiciones, se hace imprescindible formar a los formadores. Es necesario brindarles herramientas que les permitan superar el desafío de hallar fuentes serias, confiables y a la vez accesibles.

La tarea de impartir clases representa una misión que trasciende largamente las fronteras que impone la currícula.

Para generar interés en los niños, hace falta un trabajo multidisciplinario. El objetivo final busca incorporar contenidos de calidad desde una dinámica fresca y motivadora.

Como verdaderos alquimistas, los maestros del siglo XXI intentan adaptarse a los tiempos que corren.

Amalgaman vocación, experiencia e innovación. Días tras día redoblan la apuesta, transformando al alumno en hacedor de su propio aprendizaje.

La Educación, considerada como una Ciencia, se halla en evolución constante. Compredemos así, que la búsqueda de la excelencia describe un ciclo perpetuo. Cada etapa aporta conocimiento, especialización y en particular, agrega valor.

 

Dos trilogías perfectas.

En los apartados anteriores, hemos desarrollado tres cualidades esenciales en toda metodología didáctica.

Las nociones descriptas ilustran la filosofía empleada en plataformas como Matific o Retomates.

Estas aplicaciones responden a un esquema refinado. Su nivel de especialización es tal, que presentan una trilogía estructural. En consecuencia, observamos tres aspectos bien definidos:

  • Aprendizaje adaptativo.
  • Sistema de recompensas.
  • Contenidos de calidad.

A diferencia de otros recursos, la nueva generación de TIC Inteligentes descansa en la auditoría exhaustiva de las actividades propuestas.

Entendemos por auditoría a la monitorización precisa del desempeño académico de nuestros hijos.

Esta suerte de evolución es en realidad una revolución. De hecho, estamos asistiendo al génesis de un nuevo paradigma. Ahora somos partícipes necesarios del aprendizaje de los más pequeños, acompañándolos antes, durante y después del acontecimiento didáctico.

Es aquí donde entra en juego la segunda tríada. En la trilogía funcional, el binomio tradicional “software <–> estudiante ” abre sus puertas a un tercer protagonista: el adulto.

Los actores de la trilogía funcional son seis:

  • Recurso / aplicación.
  • Docente / padre.
  • Alumno / hijo.

Nos detenemos aquí para analizar otro aspecto distintivo.

La trilogía funcional se caracteriza por tener aristas bifacéticas.

Dicho de otra forma, la plataforma está alcanzando un propósito adicional: la flexibilidad de uso.

Esta suerte de “bonus track ” implica que los roles ya no son estáticos. El docente puede ser una mamá o bien un papá preocupado por reforzar las habilidades matemáticas de su hijo.

El doble propósito encuentra su contraparte en el factor de oferta / demanda, que permanece latente, cohesionando al conjunto. Siempre habrá un niño que desee aprender a dividir y siempre habrá un adulto dispuesto a brindarle orientación.

Ambas trilogías se retroalimentan en un contexto que escapa al tiempo y al espacio. Coexisten bajo el calor del mismo sol: la ubicuidad. Así, el ámbito escolar extiende sus confines, dejando atrás el modelo anacrónico de la tiza y el pizarrón.

Quizás una imagen vale más que mil palabras. Les comparto el siguiente gráfico, con la idea de resumir los conceptos expuestos.

 

¡Manos a la obra!

Hoy vamos a descubrir un nuevo tesoro: Smartick.

El recurso representa en sí mismo mucho más que una herramienta para aprender matemáticas.

Constituye un instrumento que lleva a la práctica ambas trilogías y añade ingredientes propios de una aventura gráfica.

El producto final deriva del trabajo intensivo de ingenieros, docentes y emprendedores apasionados.

Para comenzar a sacarle provecho a Smartick debemos registrarnos.

En primer lugar, nos damos de alta en la web de padres. Ingresando una cuenta válida de correo electrónico, accederemos a la creación de la(s) cuenta(s) de los alumnos.

Al crear las cuentas de los alumnos, es muy importante colocar la fecha real de nacimiento. Este dato es de vital relevancia para el sistema. Smartick determinará el nivel, la cantidad y el tipo de actvidades a evaluar.

En este ejemplo creamos tres cuentas. A la derecha visualizamos el usuario “tutor ”, designado por una dirección de correo electrónico, y a la izquierda, tenemos las cuentas de los alumnos.

Para este caso creamos dos cuentas. Cris_R, es una nena de 8 años de edad. Guille_G, en cambio, es un varoncito de apenas 5.

 

¿Jugamos?

Antes de comenzar, les recomiendo alternar al modo de pantalla completa. Para ello, damos click al botón destinado a tal fin o bien presionamos la tecla F11. Cuando ingresamos como alumnos, y si es nuestra primera vez, deberemos seleccionar un avatar.

Para continuar presionamos el botoncito verde. Luego del saludo inicial, Smartick nos consultará acerca de nuestro estado de ánimo.

Esta pregunta puede resultar extraña, pero en realidad se relaciona con sus algoritmos de inteligencia artificial. De alguna manera, la plataforma necesita saber cómo nos sentimos, para determinar el grado de exigencia y otros parámetros a aplicar.

Aparece entonces el primer desafío. Tenemos abierta la sesión de Guille_G. En este caso, la complejidad de las actividades se orienta hacia el Nivel Inicial. Si no sabemos leer o tenemos dificultades, podremos hacer click sobre el parlantito violeta, justo a la izquierda de la consigna.

Aquí tenemos un ejercicio para trabajar las nociones de cantidad. La consigna es: “¿Cuál está llena? ”. Seleccionamos una bolsita y luego hacemos click en el avioncito de papel, representado como un botoncito de fondo verde. Este botón envía nuestra respuesta a Smartick.

En otra de las capturas, observamos a Guille_G trabajando su concentración mientras aprende nociones de forma y color.

Si no interactuamos con la interface durante más de un minuto (no movemos el ratón ni presionamos las teclas) o bien si hacemos click sobre el botón de pausa, aparecerá la placa de recreo. Disponemos de un máximo de tres recreos.

Los avances se registran sobre una barra de progreso, ubicada en la parte superior de la pantalla.

A medida que se llene, iremos ganando estrellitas o “ticks”. Las respuestas correctas harán sonar campanitas y otros efectos muy divertidos. Por otro lado, si nos equivocamos, la barra decrece.

La sesión finaliza cuando terminamos de resolver todas las ejercitaciones. Asimismo, tenemos la opción de dejar la sesión “a medias ” para retomarla en otro momento.

Smartick nos brinda además una segunda oportunidad. Al término de cada sesión, tendremos la posibilidad de revisar y corregir cada uno de nuestro errores.

Finalizar la sesión, implica resolver todos los ejercicios, pero además nos habilita a visitar el “mundo virtual ”, la recompensa más esperada por los chicos.

Ahora, el sistema de recompensas de Smartick cierra su círculo virtuoso: los “ticks ” (estrellitas) acumulados servirán como créditos para acceder a los juegos fabulosos del “mundo virtual “.

A modo de ejemplo, completamos la sesión de Cris_R. Esto nos permitió visitar el “mundo virtual “.

Al explorar la “consola de juegos ” se despliega un abanico de actividades, organizadas en solapas (memoria / razonamiento / atención / percepción).

 

El Panel de Control.

Entre las características maravillosas de Smartick, se destaca el Panel de Control. Por cada alumo, podremos visualizar una variedad de parámetros. Para acceder al Panel de Control, debemos abrir sesión en la web de padres. Tan sólo daremos un vistazo general a las tres secciones más importantes.

En este caso, vamos a evaluar el desempeño de Cris_R. Las solapas se ubican sobre la columna izquierda:

Sesiones. Aquí se despliega un calendario. Se resaltan en círculos de color gris las fechas en las cuales Cris_R abrió sesión. Las sesiones finalizadas, aparecen resaltadas en color verde.

Si hacemos click sobre el día resaltado, una ventana mostrará un brevísimo resumen.

Pero es el botoncito naranja, “revisar sesión ” quien nos demuestra la verdadera potencia de Smartick.

Los informes son detallados y sumamente intuitivos.

En la columna “contenido ” se listan los módulos temáticos.

Para Cris_R, la sesión finalizada el día 7 de marzo, incluyó los siguientes módulos temáticos:

  • La suma como juntar y agregar y la resta como separar y quitar.
  • Clasificación de objetos.
  • Fundamentos para la multiplicación.
  • Ecuaciones de sumas y restas.

Por cada módulo temático, tenemos la lista de ejercicios realizados.

El informe detalla además la cantidad de aciertos, la cantidad de errores, las correcciones realizadas e incluso el tiempo que le llevó a Cris_R la resolución de cada ejercicio.

Evolución. En esta sección también visualizamos el progreso del alumno, aunque desde otro enfoque. Aquí, los módulos temáticos se agrupan en áreas más generales de la currícula.

Al hacer click en cada área, refinamos el nivel de granularidad. Siguiendo el mismo ejemplo, vemos que el área de “Conteo y números cardinales ”, agrupa tres tipos de ejercitaciones:

  • Nombre de los números y secuencia de conteo.
  • Conteo de objetos para determinar la cantidad.
  • Comparación de números.

Por cada tipo de ejercitación, apreciamos que el nivel de progreso de Cris_R, estará representado por cuadritos de color verde y cuadritos transparentes.

Motivación. Smartick entiende que los más pequeños merecen un trato especial. Para sus creadores, el sistema predeterminado de premios no basta. La idea de ganar estrellitas (ticks) para acceder a los juegos del “Mundo Virtual ” es apenas el comienzo.

Por este motivo, la solapa de “mensajes personalizados ” permite crear avisos a la medida de nuestras necesidades.

En la sección “Recompensas “, podremos redactar un mensaje, considerando el número de sesiones finalizadas o la cantidad de ticks obtenidos.    La sección “Mensajes ” permite enviar una nota configurando una fecha específica.

Algunas sugerencias, nos muestran frases del estilo “Si obtienes 3 ticks, haremos un bizcocho juntos ”. Otras frases suenan más tiernas: “Estamos muy orgullosos de ti. Mamá y papá te quieren ”. Lógicamente, las posibilidades son infinitas.

 

Una comunicación fluida.

Al finalizar la primera sesión y mientras me divertía navegando por el “mundo virtual ”, recibí un correo electrónico muy interesante. Bajo la leyenda “Resultado de la sesión de Cristina del 07/03/2019 ”, la minuciosidad del informe terminó de sorprenderme.

Al abrir el mensaje pude cobrar dimensión real de la seriedad y del grado de compromiso asumido por el equipo de Smartick.

La plataforma los mantendrá actualizados con videos explicativos, alertas de auditoría e infinidad de consejos prácticos.

La cordial bienvenida de Ruth sumada a la ayuda en pantalla, les brindará respuestas a las preguntas más frecuentes. Y si aún tenemos dudas, podremos recurrir al chat en línea.

Asimismo, disponemos de foros para padres, una sección de recursos didácticos e incluso un completísimo blog.

 

Del golf a las matemáticas.

La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, más bien conocida por su sigla como la OECD, es una iniciativa que promueve el progreso económico y el bienestar social de las personas en todo el mundo.

Entre otras actividades, impulsa los exámenes PISA (Programme for International Student Assesment o en castellano, Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes).

Durante estas pruebas se relevan datos significativos, con el objetivo de establecer el perfil educativo en estudiantes que finalizan la escuela primaria.

Los exámenes ocurren cada tres años y se efectúan en diferentes países. Los conocimientos a evaluar abarcan lectura, matemáticas y ciencias.

De acuerdo a los informes PISA -generados entre el 2003 y 2012- los conocimientos en matemáticas de la población española arrojaron puntajes por debajo de lo esperado.

Así lo explica el ingeniero Daniel González en su charla TEDx.

Junto a su colega Javier Arroyo, este golfista apasionado decidió crear un método de aprendizaje en línea.

Originalmente, la idea fue revertir los resultados arrojados por PISA en la región.

Meses de esfuerzo ininterrumpido e inversiones millonarias, permitieron fundar la empresa. Corría el año 2009. Así lo narran sus creadores, en un reportaje de actualidad económica.

Con presencia en más de 70 países, la plataforma emergió victoriosa, como una promesa innovadora y sumamente didáctica. Utilizando algoritmos de inteligencia artificial, ha logrado adaptarse a la velocidad de asimilación de cada niño.

Aunque surgió desde un enfoque tecnológico, su metodología no es nueva. De hecho, está basada en el sistema de aprendizaje Kumon, creado en 1953.

Disponible en IOS, Android y Windows, Smartick continúa en su tarea evangelizadora. Ciertamente, “quince minutos al día ” serán suficientes para conquistar el corazón de grandes y chicos.

 

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