Robots, estrellas y laberintos: jugando, aprendemos a programar.

Comenzaba la década de los 80’s y nacía el “Pac-Man”, un videojuego ya legendario.

La misión era sencilla: comer bolitas y escapar de los fantasmas.

Su creador, Toru Iwatani, nos permitía controlar al bichito maniobrando un joystick.

Hoy en día, la propuesta de RoboZZle decide cambiar las reglas.

Si bien el escenario continúa entre galerías y pasadizos, ahora preferimos devorar estrellas.

Pero esta vez, no hay que huir de nadie. Tampoco disponemos de un joystick, un ratón o teclas de cursor.

El robot se esconde bajo la silueta de una flecha. Permanece gris e inmóvil.                      Su tranquilidad es imperturbable.

No tenemos opción: si deseamos darle vida, debemos hablarle. ¡Así es! Tenemos que programarlo, tal cual lo hizo nuestro amigo Toru, hace más de veinte años.

Su lenguaje es franco y directo, lo aprenderemos sin esfuerzo. RoboZZle tan sólo reconoce tres comandos:

  • Avanzar.
  • Rotar a la derecha.
  • Rotar a la izquierda.

“A buen entendedor, pocas palabras”, dice el refrán.

Sin embargo, puedo asegurar que guiar al androide, deriva en una experiencia mágica y cautivante.

Combinando los colores con los comandos, controlaremos el flujo de las instrucciones. Las estructuras condicionales admiten cualquier combinación.

Por ejemplo, si la baldosa está pintada de azul, doblamos hacia un lado. Si es de color rojo, doblamos hacia el otro. Y si en cambio es verde, vamos hacia adelante.

Además, RoboZZle nos ayudará a construir pequeñas sub-rutinas e incluso, aprenderemos a utilizar la recursión.

De su mano, descubriremos cómo autoreferenciar una secuencia de intrucciones.

Cada desafío toma la forma de un rompecabezas. Les recomiendo abrir una cuenta y comenzar por el instructivo (4 lecciones). Cuando lo finalicen, lograrán resolver problemas más complejos.

RoboZZle es compatible con la mayoría de los navegadores y requiere del plug-in de Silverlight. Respecto de Chrome o Firefox, el consejo es correrlo en su versión beta, que admite código Java.

Atrás quedaron los tiempos de los “arcades” pixelados. En aquellas épocas, pasar al siguiente nivel era cuestión de habilidad y reflejos.

Evidentemente, la destreza fue cediendo su lugar a la lógica y al razonamiento estratégico.

La nueva alfabetización implica superar el desafío de educar a los nativos digitales.

Despertar su interés constituye un camino ambicioso, aunque posible.                       ¿Se animan a recorrerlo?

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